6/11/2007

Redención


Planeo un relato, pero creo que tomará demasiado en ser creado. Primero debo resolver varios problemas.

El problema es la cobardía.

Siempre he creído que soy un cobarde. La RAE equipara la cobardía con el concepto del pusilánime: 1. adj. Falto de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes. U. t. c. s.

En este momento, sospecho que la fuerza detrás del valiente debe ser similar a la del cobarde.

*****

Constantemente me veo rodeado de valientes y cobardes. Los veo todo el tiempo, y no tiendo a confundirlos. Un cobarde no tiende, a mis ojos, a mostrar momentos de valentía, pues asumo que su motivación principal es el miedo. El miedo lo puede llevar a realizar acciones que descontextualizadas parecen ser heroicas, pero yo se que es miedo lo que lo mueve.

Del otro lado, los valientes, personajes simples, sencillos, con valores muy claros. Su pasión puede ser puesta al servicio de los otros porque están adoctrinados. Sospecho que los valientes son ignorantes. Carecen de duda en sus corazones. Tan seguros de todo que no temen arriesgar sus vidas antes sus ideales.

A pesar de esto, prefiero a los seres valientes.

Es su sencillez la que codicio. No hay duda en sus corazones. Los cobardes, creo yo, dudan de todo y paralizados en su duda van a lo único que tiene algo de sentido. Se saben vivos, y necesitan conservar esa condición si desean seguir dudando.

Claro está, el mundo no es blanco y negro, y mi reto es recrear la valentía en un personaje ahogado por la duda.

No motivado por el miedo, sino por un ideal. Un personaje complejo, que en el pánico halla una razón, como si el miedo extremo moviese una tecla. Este personaje me parece verdaderamente digno: transforma su mismísima condición vital por la ficción de algo respetable. Se mira así mismo en su patetismo, da cuenta de su tendencia a dudar de todo para empezar a creer en algo.

*****

El tema es la redención. (Redimir: 3. tr. Dicho de quien cancela su derecho o de quien consigue la liberación).

Es renunciar al derecho de la duda. No porque la duda sea mala, malvada, un cáncer. Siento que la duda es la base de todo lo admirable, es nuestro método en las ciencias, nuestro motivador en las artes. La duda es la piedra angular de nuestra sociedad. Renunciar a ella implica renunciar a aquello que nos hace libres.

Pero la duda permite esa posibilidad. En su ambivalencia, la duda permite renunciar a ella misma. Dudar de la duda para matarla y encerrarla en una esfera en blanco y negro. Admiramos a los valientes y aborrecemos a los cobardes porque los cobardes son complejos, un manojo de enredos que lleva a la locura. Los valientes son mucho más estáticos, predecibles. Pueden ser torpes, pero aún así despiertan nuestra simpatía porque son como fieles animales. Porque pueden ayudarnos.

*****

Creo que necesitaré dolor, pánico. Sacar al cobarde de su duda implica castrarlo de los placeres de la misma. Lo haré dudar de la duda misma a fuerza de los dolores de la duda. Pero lo importante es hacerlo dudar de la duda. No moverlo por el dolor, sino por sus consecuencias. Generar un flujo de pensamientos que lleven a dudar de la duda.

Ya veremos como va eso.

5/28/2007

Anestesia, o como WolfStrife drena su ansiedad


Observo a mi alterego, ese que trabaja en publicidad y se emborracha seis días de la semana. Hoy no lo veo con el desprecio usual que despierta, sino con lástima. Está lamentablemente muy delgado. Dos ojeras se pintan en su demacrado rostro. Este último mes parece haber envejecido unos siete años. No puede dormir bien, aunque siempre tiene sueño. Si, hoy mi alterego evoca lastima.

Pero tiendo a despreciarlo el resto del año. Sólo unos cuantos días se toma para sufrir. Alterego es cobarde, y huye al sufrimiento. Toma antidepresivos, alcohol en cantidades industriales, se sumerge en la televisión o en varios cuentos, o pierde horas en juegos intelectuales que no llegan a ningún sitio, sino evitar pensar en si mismo, en nosotros, en nuestra miserable condición.

Pero en este país los shots de anestesia se ven interrumpidos por catástrofes inmensas, que hacen que alterego despierte de su mareo habitual y se conecte con la indignación que millones están sintiendo. Y de su sufrimiento pensamientos nobles se entrelazan en su pequeña cabeza. Arma barricadas, genera nuevos modelos de estado, sienta las bases de una repartición social justa, y sueña con el Mayo del 68.

Lamentablemente, este pequeño momento de lucidez no va a durar. La realidad es muy dura, muy cruda. Genera indigestión. Alterego, eres débil, pero te ruego que aproveches este momento, este instante de sufrimiento para que te desconectes del opio de la rutina, para que te arranques la pesadez del día a día y busques hacer algo extraordinario.

Algo debe hacerse. Huye, quédate, mata, sana, ama, odia, pero te lo ruego, haz algo, lo que sea. Sal de ti mismo, de tu flojera de oriental, de tu comodidad, de tu anestesia. Vamos a hacer algo increíble, vamos a hacer algo.

Tal vez así podamos arrancar el miedo, tal vez así podamos aprovechar nuestra ansiedad.

5/22/2007

Interwoven, o reflexiones de un alterego sorprendido


En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.

J. L. Borges. La Biblioteca de Babel

Le quito la palabra a WolfStrife y me hago presente en sus memorias fragmentadas. En La Biblioteca de Babel Borges nos abre la posibilidad de poder encontrar nuestro libro, pero en La Locura de Caracas una posibilidad nueva se manifiesta.

Una joven, siempre mayor que yo, se dibuja en el horizonte como una nueva clase de doppelganger. Espejo de mis actos: caminatas por el cementerio general del sur, referencias a Hamlet ante el horror de Caracas, sueños con doctorados en prestigiosas universidades españolas, maestrías en literatura, uno que oto episodio depresivo mayor. Las coincidencias superan las diferencias, y nuestro agregado de personalidades múltiples teme haber hallado su igual.

Si bien la idea de haber hallado a la doble que mora en la sombras es tentadora, la misma refleja un terrible indicador de locura. Los doppelganger sólo se hacen visibles a sus dueños, así que ella puede ser sólo una alucinación peligrosa que Caracas me arroja en vista a mi rebeldía, a mi reciente inconformidad, o a mis proyectos de fuga. En su rostro se dibuja la doble cara del terror y la esperanza: la posibilidad de hallar en su ayuda el secreto de mi felicidad, o en su miseria la esencia irrevocable de mi sufrimiento. En cualquier caso, confirmar su status de doppelganger sería hallar cierto nivel de certidumbre que siempre se ambiciona y siempre se sufre.

Nuestros destinos están entrelazados. No debo jamás de perder contacto con ella que encierra mi porvenir. Mi sanidad y mi locura. Debo siempre tener la posibilidad de contactarla, de gritarle mi desesperación. En nuestro vínculo misterioso hallaré una respuesta codiciada por todos. Hallaré la solución del porvenir.

Los problemas sobre el vínculo afectivo que nos une son de menor importancia. Amor, odio, ternura, compañerismo, compañía intelectual, esos son apenas detalles. El secreto, el entenderla, el ayudarle, el hablarle, el oírle, sólo eso importa ahora.

5/07/2007

De la decadencia a la esperanza

Desde hace unos años, nos ha dado por denominarnos decadentes. Inmediatamente la palabra elabora en nosotros la imagen de un alcohólico, de un perverso mal vestido o de un estudiante jugando poker para comprar un poco de arroz. Probablemente es el escepticismo lo que más impacta nuestra imaginación, condición que tiende a enorgullecer a mi alterego.

Pero hace un par de meses empezamos a investigar activamente, aunque sin seriedad, este asunto de la decadencia. Los hallazgos han sido aterradores. Por ejemplo, Voltaire nos dice que: “la decadencia nos llegó por una facilidad para producir trabajos y flojera para realizarlos”.


En su tratado titulado “From Dawn to Decadence”, el señor Jacques Barzun introduce la idea de que la decadencia es una condición que llega a las culturas en el momento en que el mañana se torna borroso. Por decadencia, el señor Barzun entiende perdida, la perdida de la Posibilidad: las formas del arte y de la vida parecen haberse agotado, las etapas del desarrollo como si se hubiesen recorrido hasta el final. Las instituciones funcionan dolorosamente. La repetición y la frustración se tornan resultados intolerables. El aburrimiento y la fatiga se tornan grandes fuerzas históricas.


En efecto, somos decadentes. Pero no estamos solos. La decadencia es propia de nuestra cultura. Se pasea sin ningún tipo de pudor en nuestros canales de televisión, en nuestros centros comerciales, en nuestras avenidas. La publicidad del deseo nos motiva a adquirir bienes, sólo para decepcionarnos tan pronto se agotan (muchas veces, se agotan en el instante de su adquisición, y nos damos cuenta de que su adquisición era el único deseo que motivaba). Nos venden grandes historias, relatos épicos, héroes desfilando, pero no todos tenemos las aptitudes para lograr los sueños que nos venden.

El resultado final es que el aburrimiento nos impulsa a adquirir bienes constantemente. Algunos se arriesgan, y abandonan el juego del consumismo de bienes para consumir historias, y se lanzan por grandes aventuras donde no siempre hay princesas en castillos, y muchas veces hay hambre en una ciudad Europea. Y cuando de repente, entre todo el caos, miramos hacia dentro, nos damos cuenta de que sólo el vacío, el sin sentido, esta siempre presente. La introspección nos torna escépticos. No creemos en la ciencia, en el arte, en las instituciones, ni en la vida.

Pero seguimos, a veces a punta de prozac, pero seguimos. No porque sea necesario vivir, no porque el suicidio este mal, sino porque aún existe la esperanza. Nuestro escepticismo es el que nos mantiene vivo, pues así como no creemos en nada, también podemos creer en todo. Vivir bajo la duda, siempre cuestionando, nos obliga a cuestionar la miseria. Y entonces surge, de la mente del escéptico, la esperanza. El descreer de todo implica dejarle la vida al azar, y entonces toca seguir. Nunca sabe uno cuando le podrá venir una buena mano.

4/16/2007

Some Devil Lyrics

Artista: Dave Matthews


One last kiss one only
Then I'll let you go
Hard for you I've fallen
But you can't break my fall
I'm broken don't break me
When I hit the ground

Some devil some angel
Has got me to the bones
You said always and forever
Now I believe you baby
You said always and forever
Is such a long and lonely time


Too drunk and still drinking
It's just the way I feel
It's alright
Is what you told me
Cause what we had was so beautiful
Feel heavy like floating
At the bottom of the sea

You said always and forever
Now I believe you baby
You said always and forever
Is such a long and lonely time


Some devil is stuck inside of me
Why can't I set it free
I wish, I wish I was dead and you were grieving
Just so that you could know
Some angel is stuck inside of me
But I cannot set you free

You said always and forever
Now I believe you baby
You said always and forever
Such a long and lonely time


Stuck inside of me

4/01/2007

Ficciones de a ratos

Hoy me recuerdo infante.

Y desde mi recuerdo, revivo la ausencia de conciencia, la inocencia. Me creía el juego. Me creía el salir bien en el liceo para adquirir, gracias no a la bondad sino al esfuerzo, numerosos regalos en forma de tortugas adolescentes, carros rodeados de llamas y poderosos superhéroes cazando esqueletos brujos. Creía firmemente en una simple noción de progreso: el tiempo y el arduo trabajo traerían consecuencias deliciosas.

Después, la conciencia.

No recuerdo cuando pasó, pero si que fue después de mi llegada a Caracas. Creo que fue al rodearme de parque central, o tal vez con el embarazo de una joven amiga. Lo que quedó fue certeza de azares vitales. La vida como un juego de dados, donde los viciados juran poseer ciertas habilidades. Pero no yo. Mis esfuerzos no poseen mayor fuerza vital que el hedonismo, la culpa o el aburrimiento.

Y ahora, no estoy seguro de estar viviendo.

Lo que creo haber adquirido es cierta distancia crítica de la realidad. No me creo que más trabajo me haga más feliz, o que más desvelo genere un mejor informe. Solo en afectos, azares y coincidencias. En accidentes. Caracas y yo como un gran accidente.

No estoy seguro de que esto sea vivir. Pero es algo, y a veces no es tan desagradable.

***

***

Estructuro la vida como si fuese una novela. Y ayer, atrapado en tráfico, me lancé por una posibilidad. Una posibilidad burguesa.

Una hermosa señorita, con rasgos muy marcados, con labios prominentes y ojos oscuros. Hija de una buena familia. Un tanto xenófoba, clasista, sifrina caraqueña con lindos senos. Siempre delgada, siempre cabello largo.

Me estaba babeando ante su belleza, fingiendo temas importantes (vánales) de conversación (la bolsa, el FMI, la derecha). No iba hablar yo de libros, no quería que sospechase mi larga distancia con respecto a los yuppies. Le hablaba de progresos, de mercadeo y de dedicación. Mi farsa había funcionado.

Me estaba casando, en una casa lujosa y de buen gusto. Me había dado una hija que bautizamos Mafalda. Comprábamos un modesto apartamento en Miami. Trabajaba yo en publicidad, ella en un banco.

Pero la costura estaba descubierta, y en vez de reclamarme, me regaló una maquina de escribir. Me poseyó la locura y no pude alejarme del aparato. Perdimos todo por tratar de publicar un mediocre libro de cuentos. Se divorció de mí y me abandonó a mi suerte. Regresé a la publicidad. Años más tarde, me suicidaba.

Pero ya aflojaba el tráfico cuando planificaba mi entierro.

3/12/2007

El cadáver de la eternidad

Una imagen me genera una ansiedad terrible. Recurrente en varias pesadillas, un espejo al fondo del pasillo refleja al alterego, vestido de smoking, sosteniendo una copa. El alterego observa el reflejo con lastima, y luego, ya en primera persona, nos damos cuenta de que caminamos por la piscina de la casa de la novia, en plena conciencia de nuestro rol: somos el novio.

En nuestra mano izquierda descansa la champaña mientras la derecha busca insistentemente un cigarrillo en el traje. La noche es ruidosa, obstinante, con el sonido de la hora loca saliendo de la boca de varios de los ya ebrios invitados. Nos miramos en el agua, mientras le agregamos sabor salado de una lágrima que cae del rostro. Nos recuperamos, nos volteamos, y vemos el traje blanco desfilando a por nosotros. Bajamos la cabeza, mientras ella susurra en nuestro oído: por siempre y para siempre.

Luego despertamos iracundos.

Mientras el alterego va al trabajo, conduce, charla con adorables burguesitas y come la basura del McDonald’s más cercano, me deja la responsabilidad de hipotetizar sobre el malestar nocturno a fin de concretar un buen descanso para la próxima noche. Y hoy, mientras el alterego escucha música, creo que he dado con la respuesta.

¿Cómo esperan que creamos en la eternidad?

¿Cómo esperan que nos aboguemos a ella?

Alterego aceptó hace tiempo que hay que comprar cosas nuevas, pues las cosas no duran. Alterego aceptó hace tiempo que no se debe pensar en la muerte, pues la gente rechaza esos temas. Alterego aceptó que este país no tiene mañana, así como las cosas no tienen mañana, así como su cuerpo tampoco lo tiene. ¿Y aún así esperan que nos comprometamos? ¿Qué juremos lealtad eterna? ¿Es acaso que debemos también aceptar que nuestra palabra no tiene mañana?

Y allí esta el punto. Nuestra palabra también es efímera, incluso la escrita y la jurídica. Se nos ha robado la eternidad, y cuando aceptes que incluso lo que Wolfstrife escribe hoy será borrado de la memoria, no te molestará tanto la hipocresía final. Así que no te angusties tanto por la obligación de tener que decir acepto algún día. Sabemos que crees que si no crees en el mañana, tal juramento no puede ser dicho (y Wolf se asoma y grita: ¡como garantizar que siempre estaré allí por ella!). Pero te equivocas. Es justamente el no creer en el mañana el que te permitirá emitir el juramento, pues este no tiene ningún valor.

Así que relájate viejo amigo, y busca una burguesita apetitosa para casarte.

2/19/2007

Ficción Robada


La soledad me sorprendió en estos carnavales. Una fecha dionisiaca me halló sumergido en reflexiones al respecto de Doña Bárbara y de las identidades caribeñas. No por elección, o por lo menos la elección no giró alrededor de esta fecha. Una serie de postergaciones desafortunadas me dejó con pocas opciones, así que tuve que quedarme en una ciudad vacía, ahora también desierta.

Pero la soledad sorprende, aún hoy en día, después de unos cuantos años sumergido en Caracas. El ajetreo, el trafico, el trabajo odiado, la estresante maestría, los rituales ante el televisor, las vacías charlas con amigos, todos elementos de una rutina que busca evitar sentir la soledad que se asoma sonriendo, y que hoy tomó posesión. En mi desesperación lanzo hipótesis que buscan justificar a la ciudad como un evitar de esta sensación que carcome los cimientos de la poca salud mental.

Una profesora una vez me dijo que la humanidad busca evitar el dolor a como de lugar, y que hoy en día nuestra tecnología esta brindando herramientas que parecen cumplir al pie de la letra con esa demanda. Yo creo que, con respecto al dolor, los analgésicos y los antidepresivos son una solución vacía pero efectiva a ese problema. Hoy hallé soluciones vacías, pero no tan efectivas, a una ciudad desierta. Televisión, mensajes de textos, Internet, siempre conectados, y, a la vez, siempre aislado. Tal vez mañana, último día de los carnavales, halle la cura, pero hoy me quedo anhelando mis colas, mi trabajo, y mi miseria cotidiana. No me vuelvas a dejar solo Caracas, engáñame con la ficción de conexión, de que soy miembro de una comunidad, pero no vuelvas a arrancarme la ficción, no me muestres, desde tu crueldad, la verdad.

2/05/2007

Fragmentando

…frente a la inexistencia de un pensamiento capaz de explicarnos, corremos el peligro de aferrarnos al loco del último cuarto, a la sensación de lo imponderable, a la cultura de la araña mona como eje fundamental de una identificación que es otra cosa que necesidad de ser (Cabrujas, 1982).

Durante años me alegré ante la posibilidad de un diagnostico salvaje que explicase mí forma general de ser. Saboreaba los manuales de diagnósticos buscando los patrones que abrazasen a Phillipe (el Dandy), a WolfStrife (el loco), al alterego (el que sale, trabaja, estudia, corteja), en una identidad global denominada Wolf. Me paseé por los dependientes, los narcisos, los psicopáticos, los obsesivos y los esquizotípicos. Pero no sólo dependía de la psicología para buscar las respuestas. La cultura de masas aportó, durante muchos años, respuestas efímeras a la pregunta que se niega a cerrarse: ¿quién soy?: ¿El héroe?, ¿el villano?, ¿la victima?.

Entiendo que esto suena al balbuceo del adolescente, y probablemente este sea testamento de una nostalgia eterna que no se sacude uno con tanta facilidad. Durante un brevísimo periodo hallé un diagnostico que me permitía incorporar todas las figuras, y fui feliz por ser libre. Me auto-diagnostiqué BorderLine (A personality disorder marked by a long-standing pattern of instability in interpersonal relationships, behavior, mood, and self-image that can interfere with social or occupational functioning or cause extreme emotional distress). Que alegría, que grandiosa sensación. Haber hallado un diagnostico que me permitiese ser todo, una forma de ser que no excluía nada. Podía ser poeta, científico, publicista, estudiante, descarado, nervioso, prudente, impulsivo, bárbaro, civilizado, elegante y vulgar, todo a la simultaneidad, todo al control de mis caprichos.


Para no padecer de los contratiempos del Border, tuve que pulir un poco el manual de diagnostico, para autodenominarme un Border Normal. Un ser simpático (condición complicada para los Border tradicionales), cuyo principal defecto (adorable condición) era la de su inestabilidad en la concepción de la auto-imagen. Así, rompí con más limites, con el limite del diagnostico en sí.

Me temo que mí suerte no duró mucho. A pesar de haber hallado un diagnostico que explicase mis fragmentos, la ansiedad continuó devorándome pues la pregunta básica seguía sin contestarse. Hoy en día, intuyo que el detalle no descansa en algún trauma infantil, o en alguna condición genética. Sospecho que la cosa va por vivir en un mundo de zapping, de centros comerciales, de marcas trasnacionales, de Friends, Frasier y Seinfeld. Creo que mí constante fragmentación esta sujeta a estar solo y demasiado conectado. Demasiados cambios, demasiado rápido. Creo que mí trastorno de personalidad fragmentada no es un trastorno. Es solo, como dice Beatriz Sarlo, una nueva forma de estar en el mundo.

1/10/2007

Nostalgias

Hace aproximadamente un año inicié el placentero habito de escribir en un Blog. Viendo como es que necesitaba un espacio seguro para almacenar algunos antiguos escritos, decidí inaugurar Vicisitud: el ocio hedonista como un esfuerzo para acumular antiguos abortos de cuentos o ensayos que nunca logré perfeccionar, bien sea por falta de interés o de tiempo en el momento de su redacción.

Vicisitud se ha enriquecido de otros detalles. Algunos amables comentarios de escasos lectores, uno que otro fragmento de una obra que disfruto, y hasta las letras de canciones que me niego a olvidar. Al final, Vicisitud se convirtió en la memoria fragmentada de mi alter-ego WolfStrife. Pero ahora me temo que el siempre perverso WolfStrife va a tener que cargar con alguna de las preocupaciones de sus dobles que moran en Caracas.

WolfStrife y yo hemos compartido un afecto por viejos libros de historia universal. Crecimos juntos leyendo sobre Alejandro y Napoleón, revisando la Revolución Francesa y los argumentos de Cromwell, repitiendo los Veni, Vidi, Vici de Julio Cesar, así como las caídas de Constantinopla y la emergencia de las naciones Latinoamericanas. Hemos pasado horas refugiados en imágenes de guerras sangrientas y romances magníficos de aquellos que habitaron cientos de años antes que nosotros.


En cierto sentido, esto ha ayudado a que nosotros no tengamos nuestros propios recuerdos. Siempre hemos utilizado la historia como bastión de las verdades, como puntos de referencias. Esto no implica en que creamos que la historia es cíclica y puede interpretarse así nuestros acontecimientos a través de la misma. Más bien apunta a la formación de los afectos, que siempre han estado reposando en eventos que no nos son propios.

No sufrimos nuestras nostalgias. Siempre hemos padecido las de otros.

Se que suena al discurso del loco. Pero bare with me for a minute please. Ya en la adolescencia, nuestro imaginario de rebeldías se conformó a través de los vestigios de la generación X, generación a la que no pertenecimos. Una vez aquí en Caracas, mis amigos recordaban y anhelaban rostros de una ciudad que nunca vivimos, que nunca observamos. A pesar de esto, adoptamos sus anhelos como nuestros, pues eran narrados con una belleza y una distancia encantadora. Nos convertimos a la fuerza en caraqueños, observando y apreciando la brutalidad de esta tentadora megalópolis.

El problema está en el presente. Ya no vivimos de relatos del pasado, de anhelos ni de historia. El presente me hace temer por el futuro. Nuestro país esta cambiando y nosotros empezamos a sentir nuestras propias nostalgias. En nuestras fragmentadas memorias, WolfStrife y este servidor han logrado establecer un territorio propio de afectos, internalizar los rostros de un pasado que ahora se pinta encantador.

Ahora, cuando temo por la inminente perdida de algunas rutinas, aparece la nostalgia como afecto que estructura la realidad. Mañana, cuando probablemente termine siendo un expatriado (en el mejor de los casos por elección propia), esos afectos señalarán a unos años felices que ya no regresarán. Me tomo la molestia de estas lineas porque, como espacio fragmentado de mis memorias, no quiero olvidar muchas cosas. Hoy no quiero olvidar que tengo miedo de perder algo que nunca tuve. Tengo miedo de vivir en perenne nostalgia. No quiero olvidar que tengo miedo.

12/20/2006

Fragmento

En el cristal de un sueño he vislumbrado
el Cielo y el Infierno prometidos:
cuando el Juicio retumbe en las trompetas
últimas y el planeta milenario
sea obliterado y bruscamente cesen
¡oh Tiempo! tus efímeras pirámides,
los colores y líneas del pasado
definirán en la tiniebla un rostro
durmiente, inmóvil, fiel, inalterable
(tal vez el de la amada, quizá el tuyo)
y la contemplación de ese inmediato
rostro incesante, intacto, incorruptible,
sea para los réprobos, Infierno;
para los elegidos, Paraíso.

J. L. B.
Fragmento de Del Infierno y del Cielo

11/28/2006

Ajedrez, vida y letras


Recientemente, y gracias a un muy considerado regalo, he empezado a considerar la posibilidad de escribir un cuento centrado en una partida de ajedrez. Lamentablemente me veo abordado por ansiedades obsesivas que me impiden escribir las primeras líneas. Nace así una analogía entre el acto de escribir y el juego ciencia: las primeras líneas equivalen a la apertura, el final es un ejercicio de cálculos metódicos, el fracaso se traduce en malgasto de hojas o, peor aún, en un rey ahogado.

El vicio del ajedrez y el de la literatura se han, irremediablemente, confundido. Cada palabra un movimiento: los verbos son peones que se encadenan e impiden la salida de los personajes al cuento; las piezas que buscan acorralarse hasta que caiga el rey, símbolo de la eterna muerte del protagonista. Siempre una dama generando problemas, siempre una torre que impide que fluya la thanatos. Le temo al cuento como le temo al ajedrez, cada partida única, decisiva, final. Yo no puedo separar mis ansiedades del juego, así como no se disuelven en las eternas correcciones al borrador. No es sólo un juego, no es sólo un cuento.

Mi verdadero miedo es que la analogía se apodere de la vida. No es sólo un juego, no es sólo un cuento, no es sólo una mujer, no son sólo unos tragos, no es sólo un día, no es sólo un trabajo, no es sólo una amiga, no es sólo mí vida. Siempre es decisivo, siempre es único, siempre es contundente. Temo que el juego ha movilizado una sensación que había desplazado en la adolescencia. La sensación de que la vida es inaplazable.

11/14/2006

Rareza

Fitter Happier

El siguiente post ofrece las letras de un tema de Radiohead titulado Fitter Happier. El tema salio a la luz en Junio de 1997, en el álbum OK Computer. La explicación que le da Thom Yorke, vocalista y compositor de la banda, es encantadora: “La razón por la que Fitter Happier existe radica en el ruido de fondo mental. Algunos días, cuando se esta en un estado de perturbación, ese ruido deja de estar en el fondo y pasa a estar al frente”.


Fitter, happier, more productive,
comfortable,
not drinking too much,
regular exercise at the gym
(3 days a week),
getting on better with your associate employee contemporaries,
at ease,
eating well
(no more microwave dinners and saturated fats),
a patient better driver,
a safer car
(baby smiling in back seat),
sleeping well
(no bad dreams),
no paranoia,
careful to all animals
(never washing spiders down the plughole),
keep in contact with old friends
(enjoy a drink now and then),
will frequently check credit at
(moral) bank (hole in the wall),
favors for favors,
fond but not in love,
charity standing orders,
on Sundays ring road supermarket
(no killing moths or putting boiling water on the ants),
car wash
(also on Sundays),
no longer afraid of the dark or midday shadows
nothing so ridiculously teenage and desperate,
nothing so childish - at a better pace,
slower and more calculated,
no chance of escape,
now self-employed,
concerned (but powerless),
an empowered and informed member of society
(pragmatism not idealism),
will not cry in public,
less chance of illness,
tires that grip in the wet
(shot of baby strapped in back seat),
a good memory,
still cries at a good film,
still kisses with saliva,
no longer empty and frantic
like a cat
tied to a stick,
that's driven into
frozen winter shit
(the ability to laugh at weakness),
calm,
fitter,
healthier and more productive
a pig
in a cage
on antibiotics.

11/05/2006

Aperturas Brillantes (II)

Al anochecer, cuando llegaron a la frontera, Nena Daconte se dio cuenta de que el dedo con el anillo de bodas le seguía sangrando.

El Rastro de tu Sangre en la Nieve
Gabriel García Márquez

Maquillaje (I)



Alicia recuesta su codo del lavabo mientras sujeta con la mano izquierda su pesada frente. Se atreve a abrir un ojo, pero no lo dirige a la doble que mora detrás del espejo, sino a un pequeño vaso lleno de agua tibia y alkazeltser disuelto. Logra contener la nausea que le genera el ascenso brutal de burbujas que brotan de la pálida tableta y, en un brusco movimiento, toma el vaso e ingiere el liquido que contiene la promesa de un cese fugaz del malestar. Bota el monóxido de carbono acumulado y revienta en llanto, arrodillada en el suelo del baño, aferrada a las baldosas púrpuras para finalmente vomitar aire, saliva y agua, pues el cuerpo ya no tiene más que ofrecerle al mundo exterior, y el alma sigue aún gritando entre la boca del estomago y su seno derecho. No, no podría librarse de ella con la pinza que forma el dedo índice y el medio. Tal vez si tuviese un revolver, tal vez si tuviese un amante, tal vez con un poco más de alcohol, ese peso viscoso que mora dentro de ella podría al menos guardar silencio.


10/19/2006

Aperturas Brillantes

Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.

She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita.

Vladimir Nabokov

10/17/2006

Un placer

Una cajetilla blanca, adornada con la escena del balcón en donde dos amantes se encuentran y alejan en el mismo eterno instante. Bordeando el dibujo, seis monedas de lado a lado, representando honores secretos a mi ignorancia; otras cuatro, dos de cada lado, flotan sobre sus mayores, guardando menores secretos. El nombre de los amantes se repite en el empaque que esta gritando Romeo y Julieta, Romeo y Julieta, Romeo y Julieta, Romeo y Julieta, callando Romeo y Julieta.

Abrí la caja y levante una fina capa de papel que protegía la dicha, la gloria en diez cigarritos, joyas para los labios, gala para el paladar, néctar del olfato. Tome aquel que estaba arrimado hacia el borde derecho del empaque, con sumo cuidado, como el cabello de una delicada infante. Con conciencia de su fragilidad lo lleve a reposar sobre las puntas de todos los dedos, acariciándolo con la mirada, creo que conmovido ante el ritual que estaba llevando acabo. Apreté cuidadosamente a este amigo, dándole vuelta sobre la mano, llevándolo al pabellón de la oreja, cerca del lóbulo, buscando alguna imperfección, y deleitándome ante el fracaso de mi inquisición.

Luego, el cielo. Coloqué el cigarrito justo encima de la boquilla del encendedor y permití que se hiciese la luz. Un buen fuego consumía, devoraba y partía las primeras capas del tabaco, así como su picadura interna: fue entonces cuando decidí unirme, unirme al fuego a través de la meditación con el cigarrito. Poseí el fuego y el me poseyó a mi, deleitándome yo con su majestuosidad, y el con mi coraje. Como si realmente fuésemos Romeo y Julieta.

8/09/2006

Dorita

Para ser honesto, cosa que no acostumbro, estaba pensando en relatar la verdad detrás del asesinato de Dora Suárez. Temo que los rumores que han empezado a correr alrededor de los matorrales del parque Andrés Eloy Blanco puedan empañar la inmortalidad de un acto que es, en todo el sentido de la palabra, sublime. Fue un momento lleno de grandeza y sencillez, y temo por su inmortalidad en la historia. No deseo ser recordado como un violador de viejas indefensas, sino como el redentor de una nación al abismo del peor de los males que afligen a la humanidad, una nación al borde del mal gusto.

Corro el riesgo de ser malentendido, riesgo inherente a las letras.